Edad: 43 años

Máximo peso antes de la cirugía: 151 kg

Fecha de la cirugía: 27 de octubre de 2000

Peso más reciente: 107 kg

 

Fui una persona "de peso" desde que era adolescente. Y, aunque nunca me había sentido contenta con mi aspecto, hace algunos años mi peso se convirtió en una verdadera amenaza para mi vida, y también para mi felicidad.

Fue cuando el sobrepeso y los problemas de salud relacionados me obligaron a dejar de practicar cesáreas como parte de mi práctica profesional en ginecología y obstetricia. Es difícil expresar el impacto que causó esa decisión en mi vida. De cualquier manera, no tenía otra alternativa. Como médica, estaba muy consciente del peligro de desarrollar complicaciones de salud aún más graves a causa de mi sobrepeso. Sin embargo, en julio de 1999, la decisión se salió de mis manos cuando surgió la complicación de una úlcera en el pie. Durante ocho meses quedé incapacitada para trabajar. No podía practicar la medicina. Estaba imposibilitada de hacer lo que yo amaba. Aquello para lo que me había entrenado a lo largo de 10 años.

Las cosas fueron de mal en peor. Mientras me recuperaba el pie, subí más de 22 kilos en casa. Me sentía abatida. Me apareció un dolor de espalda que no se detenía con nada, y tuve que tomar insulina para controlar la diabetes. Se me afectaron las piernas y se elevó mi presión sanguínea. También se presentaron cosas inesperadas. Yo creía que las personas que me rodeaban no me tomaban en serio. Me di cuenta de cómo, con frecuencia, me chocaba con otras personas en público. La idea de sentarme en una silla de avión o incluso en la mayoría de las sillas de restaurantes, hacía que mis vacaciones se convirtieran más en un fastidio que en un gusto.

Pero lo peor de todo fue la forma como el peso afectó mi profesión. Cuando regresé al trabajo no podía quedarme de pie durante los prolongados períodos de tiempo necesarios para realizar las cirugías. Los dolores de piernas y espalda eran demasiado molestas. Como resultado de ello tuve que dejar de hacer secciones cesáreas en mis pacientes de obstetricia y ginecología. La situación llegó a un estado crítico y no prometía mejorar.

Durante varios años intenté varios programas de dietas y ejercicio. Sin embargo, a pesar de todo lo que sabía de la ciencia de la pérdida de peso, me daba cuenta de que era casi imposible obtener resultados duraderos. En el mejor de los casos bajaba medio kilo o máximo un kilo a la semana. Y volvía a subir de peso.

Entonces, cuando un cirujano ortopedista que yo conocía me sugirió una cirugía bariátrica, decidí investigar al respecto. Participé en una conferencia que trataba el tema de la cirugía de pérdida de peso. Había allí cirujanos bariátricos dispuestos a responder preguntas sobre diversos procedimientos. Todavía me tardé un año más en tomar la decisión de someterme a una cirugía de pérdida de peso. El procedimiento que me practicaron fue el de la gastroplastia con derivación en Y de Roux. El Dr. Titus Duncan, de Atlanta (Georgia) fue mi cirujano bariátrico.

Por lo que supe, mi recuperación fue excelente según lo esperado. No tuve problemas serios durante la cirugía ni durante la recuperación. Me fui a casa a los tres días y regresé a trabajar a las cinco semanas.

Y, aunque me dicen que la cantidad de sobrepeso que bajé es la que se esperaba, aún no lo puedo creer. Para mí es un milagro. Baje 43 kilos. ¡43 kilos! Mi familia y mis amigos estaban maravillados. Los pacientes que no me habían visto hacía mucho tiempo no me reconocían. Lo más importante de todo es que nunca me había sentido mejor. Los resultados de la cirugía de pérdida de peso superaron mis mayores expectativas. Ya no tengo dolor de espalda, el nivel de azúcar en sangre ha sido el mejor durante 15 años. Mi diabetes anda mucho, mucho mejor, y apenas necesito pequeñas cantidades de insulina.

Y lo más importante de todo es que pude volver a practicar operaciones cesáreas. Me siento una médica plena. No me arrepiento en lo más mínimo, aunque no baje más kilos. Recuperé mi salud y estoy volviendo a hacer cosas que me siempre han gustado. Hago mucho ejercicio, pedaleo en bicicleta y se me facilita mucho más de lo que esperaba disfrutar de comidas que me satisfacen. Como porciones más pequeñas de alimentos y, a pesar de que todavía no puedo consumir carne roja, creo que puedo obtener fácilmente la cantidad recomendada de proteínas.

¿Que si hay algo que me gustaría decir acerca de la cirugía de pérdida de peso? Claro que sí. Es lo mejor que yo haya podido hacer, tanto física como emocionalmente.

 

Como en cualquier procedimiento quirúrgico, la cirugía de pérdida de peso puede presentar riesgos. Los resultados de cada paciente pueden variar y no son indicativos de todos los resultados. Los pacientes deben consultar con su médico para determinar si este procedimiento es el más apropiado para su condición particular.

"No quiero terminar como mi madre, con una pierna amputada, reducida a una silla de ruedas. Y tampoco me quiero morir a los 60 años".

 
 
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