Edad: 35 años

Máximo peso antes de la cirugía: 122 kg

Estatura: 1,76 m

IMC antes de la cirugía: 41

Fecha de la cirugía: 4 de mayo del 2001

Peso más reciente: 78 kg

IMC actual: 26,5

 

Tipo de procedimiento: Derivación gástrica laparoscópica en Y de Roux

Mi problema de sobrepeso comenzó después en la escuela secundaria. Hacia deporte en el colegio, pero cuando entré a la universidad dejé de hacer algunas buenas rutinas. Ya no hacía ejercicio y comía cosas pesadas a deshoras. Me gané un premio típico de los estudiantes y así continué. Fui subiendo lentamente. Ya llegando a los llegar a los 30 años, sufría de un grave problema de sobrepeso.

Los últimos años previos a la cirugía me dio un reflujo ácido espantoso. Antes de la cirugía me practiqué un examen del tracto gastrointestinal superior, que reveló que tenía una gran cantidad de lesiones. Me despertaba de noche sin respiración, con miedo de entrar en choque. Me sentía literalmente sofocada. Y muy asustada. Para tratar ese problema tuve que pasar de los antiácidos de venta libre a los medicamentos recetados. Según mi médico, el próximo paso era otro procedimiento quirúrgico - el Nissen (fundoplicatura de Nissen) para tratar la denominada GERD (enfermedad del reflujo gastroesofágico). Desarrollé apnea en el sueño y roncaba terriblemente. Me sometí a dos cirugías de las rodillas para reparar cartilagos y ligamentos desgastados. Cuando subía escaleras me crujían las rodillas constantemente. Sonaban tan fuerte que las personas que las oían me preguntaban: "Dios mío, "¿lo que suena son tus piernas?"

Mi calidad de vida cambió mucho. Era muy molesto tener que pedirles disculpas a otras personas por no poder hacer las cosas, cuando era solamente mi peso lo que me impedía participar. Hace cuatro años, mi padre llevó a toda la familia a Jackson Hole (Wyoming) en un viaje de invierno al que yo no fui. Tuve que excusarme. Estaba preocupada de perder el equilibrio y desistí del viaje.

Estoy segura de que a mí me ocurre exactamente igual que a las demás personas que hacen dieta. Ensayé todos los principales métodos de pérdida de peso. Todos funcionaban, cuando me dedicaba a ellos, y llegaba a bajar hasta 30 kilos. Pero siempre volvía a recuperar todo el peso. Llegué al punto en que estaba ansiosa por que saliera la próxima dieta.

Oí hablar por primera vez de la cirugía de pérdida de peso conversando con compañeros de trabajo y enterándome de los testimonios de algunas personas bien conocidas que se habían sometido al procedimiento. Investigue mucho en Internet. Lo que más me impresionaban eran los testimonios de las personas. Yo leía sus declaraciones en la computadora y lloraba. Ellas contaban sus experiencias y yo sabía cómo se sentían. Era maravilloso.

El cirujano que escogí exigía la mayoría de los exámenes preoperatorios. Tuve que hacerme un examen físico, un análisis gastrointestinal superior y una ecografía del hígado. Tuve que asistir a sesiones de terapia de grupo y presentar una evaluación psicológica. Todo formaba parte del conjunto completo y eso me gustó. Después de la cirugía, todo eso me ayudó a saber qué era lo que me esperaba, cosas como la pérdida del pelo y la necesidad de consumir muchas proteínas.

Mi cirugía fue muy tranquila. Fue un viernes. Me dieron de alta del hospital el lunes y ya estaba trabajando en casa, en mi oficina, el miércoles. Al lunes siguiente ya estaba haciendo un contacto comercial con un cliente.

Casi un año después de la cirugía había bajado 43 kilos. Todas mis condiciones de salud mejoraron. Dejé de tener reflujos de ácidos desde que me desperté de la cirugía. Rara vez ronco. Quedé totalmente curada de la apnea en el sueño. Ya no me crujen las rodillas y me puedo agachar hasta el suelo. Pienso que no hay nada que no pueda hacer. Todavía conservo las mismas metas, pero antes de la cirugía de pérdida de peso nunca creí que las podía lograr. Ahora mi futuro se ve brillante. Me siento orgullosa de mi estado de salud.

Estoy feliz de no haber pasado sola por esto. Mi familia me esperaba fuera de la sala de cirugía y continúa siendo mi grupo de apoyo. El respaldo de la familia le da a uno una sensación de éxito, de orgullo, de amistad.

Este año pasé las vacaciones de Año Nuevo con mi familia, algo que no hacíamos desde hacía mucho tiempo. Hicimos una de aquellas dinámicas en las que formamos un círculo y hablamos de lo que nos hacen más felices y orgullosos. A mi padre se le aguaron los ojos. Él fue capitán de la marina y no se emociona fácilmente. Me dijo, para que todos oyeran: "Nunca estuve tan orgulloso de mi hija en toda mi vida. Por su fortaleza e inteligencia y por las decisiones que tomó. Por todo lo que pasó y lo que es ahora. No te puedo mirar", continuó, "sin sentirme realmente orgulloso".

Fue un momento maravilloso.

 

Como en cualquier procedimiento quirúrgico, la cirugía de pérdida de peso puede presentar riesgos. Los resultados de cada paciente pueden variar y no son indicativos de todos los resultados. Los pacientes deben consultar con su médico para determinar si este procedimiento es el más apropiado para su condición particular.

 
 
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