Edad: 33 años

Máximo peso antes de la cirugía: 162 kg

Estatura: 1,58 m

IMC antes de la cirugía: 65,7

Fecha de la cirugía: octubre del 2000

Peso más reciente: 83 kg

IMC actual: 33,8

 

Tipo de procedimiento: derivación gástrica laparoscópica en Y de Roux

Mi esposo y yo queríamos tener un hijo. Pero cuando yo le conté esto a mi médico, él me aconsejó que no quedara embarazada, a menos que quisiera morirme. Eso fue un choque para mí. Y todo debido a mi peso. El doctor dijo que enfrentaba un alto riesgo de complicaciones, como diabetes gestacional, alta presión sanguínea materna y problemas durante el embarazo y el parto. Me habló de estudios que demostraban la manera en que condiciones tales como defectos en el tubo neural y la espina bífida están asociadas con la obesidad durante el embarazo. Eso me llamó la atención.

Siempre tuve sobrepeso - de niña y de adolescente. Era relativamente activa - jugaba tenis dos o tres veces a la semana y lo hacía bien; era capitana de un equipo de la USTA (Asociación de Tenis de Estados Unidos). Cuando llegué a los 20 años comencé a inflarme como un balón y a subir unos nueve kilos al año. Todo sucedió de repente, simplemente apareció. Llegué al extremo de tener que acudir a la sección de ropa extragrande - entonces, se volvió cuestión de bajar de peso o de comenzar a confeccionar mis propias prendas.

Entonces sufrí algunos quebrantos de salud. Hacía unos años me había caído en el patio de mi casa y me había fracturado una pierna. Mi médico me lo explicó sin rodeos. Me dijo que su opinión era que, de no haber cargado yo con tanto peso, me podría haber controlado a mí misma. No podía haber descendido tan bajo. Sentí que eso era como una bofetada en la cara. A medida que subía de peso, me comenzó a doler la espalda. Caminar estaba comenzando a convertirse en una carga. Con el solo hecho de atravesar el corredor de mi oficina sentía que se me desacomodaban los discos de la columna. Mi médico me hablaba de todos los problemas de salud que probablemente enfrentaría yo en el futuro. Cosas como la diabetes, que me asustaba porque a mi padre le acababan de diagnosticar esta enfermedad. Pero había más cosas - como la alta presión sanguínea y la artritis.

Para completar, mi peso me obligaba a tener que salir siempre con mi esposo. Era demasiado voluminosa para poder sentarme a la mesa en los restaurantes. Los últimos años, parecía como si estuviera enojada con el mundo. En realidad, estaba más que todo enojada conmigo misma. Me culpaba de mi sobrepeso. Y eso no estaba bien.

En aquella época comencé a oír sobre Carnie Wilson y de lo bien que ella había salido de su cirugía de pérdida de peso, y eso me motivó. Hice algunas investigaciones por mi cuenta y finalmente decidí consultar a una cirujana bariátrica. Me emocioné mucho porque me gustó la forma cómo me habló y me resolvió todas las dudas que tenía. Yo quería saber de los riesgos, de cuánto peso podría esperar que bajara, de cómo sería mi vida después de la cirugía. A ella no le interesaba qué tan rápido me podría poner en el quirófano. Había que recorrer un camino largo, pero necesario, hasta la cirugía. Tuve que consultar a un especialista en pulmones, puesto que mi capacidad pulmonar estaba un poco reducida. También a un cardiólogo. Mis médicos querían tener certeza de que no habría problemas médicos que me impidieran hacerme la operación.

Los resultados fueron fabulosos. La primera vez que me pesé en una balanza después de la cirugía, ¡ya había perdido 11 kilos! Era lo máximo que había perdido toda mi vida. Así que comencé a ver los resultados, a sentirme muy bien con todo. Ya he perdido más de 72 kilos y son tantas las diferencias de las que puedo hablar. Subo y bajo escaleras, hago largas caminatas, me puedo levantar y bajar. Hasta me agacho para pintarme las uñas de los pies. No podía hacer esto desde que era adolescente. Mi salud mental está mucho mejor. Antes me sentaba a mirar televisión. Ahora mi esposo y yo decimos: vamos a salir, vamos a trabajar en el patio. No hacemos más que jugar todo el tiempo.

Pero lo mejor de todo es que estoy ansiosa de tener un hijo. Mi médico me dijo que esperara un año antes de intentarlo. Ya pasó más de un año y estamos aguardando los resultados de los exámenes de sangre para tener la seguridad de que mis niveles de vitaminas están bien antes de continuar. Sobra decir que estamos listos. Pronto podremos tener un bebecito con nosotros.

 

Como en cualquier procedimiento quirúrgico, la cirugía de pérdida de peso puede presentar riesgos. Los resultados de cada paciente pueden variar y no son indicativos de todos los resultados. Los pacientes deben consultar con su médico para determinar si este procedimiento es el más apropiado para su condición particular.

"Sobra insistir en la importancia de tener un buen médico y un buen programa. Se siente bien saber que él estaba observando mi salud desde tantas perspectivas diferentes. La eficacia lo hace sentir muy cómodo".

 
 
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